
Diciembre es el mes de la Navidad, de las reuniones familiares y del reencuentro con los amigos. También es un mes de panetón y gratificaciones. Todos tenemos muy claro que, cuando comemos un panetón entero, no hay más ni menos panetón si lo dividimos distinto; no importa si lo partimos en seis o en ocho partes. La forma en que dividimos algo puede cambiar cómo lo sentimos, aunque no haya cambio en la cantidad total.
Con los sueldos ocurre algo parecido, aunque con una diferencia importante. En el Perú, los trabajadores formales reciben gratificaciones en julio y diciembre, lo que equivale a que su salario anual se paga en 14 armadas. Partir el ingreso anual en 12 o en 14 pagos no cambia el monto total, del mismo modo que partir el panetón en seis u ocho tampoco cambia su tamaño. La diferencia está en el tiempo. Bajo cualquier tasa de descuento razonable, recibir el mismo ingreso en 12 partes mensuales tiene mayor valor presente que recibirlo en 14. Y, sin embargo, la mayoría prefiere el esquema de 14 pagos.
La razón de esta preferencia no es financiera, sino conductual. Las gratificaciones funcionan como un mecanismo de compromiso. Ayudan a separar ingresos para enfrentar gastos estacionales mayores. No maximizamos solo valor presente, también gestionamos los ciclos y nuestro propio comportamiento. Este fenómeno lo explicó hace décadas Richard Thaler, Premio Nobel de Economía. El pago en 14 sueldos funciona porque crea compromisos que ayudan a convivir con nuestras tentaciones de gasto.
Esto revela algo más profundo. La educación financiera no sirve únicamente para entender el valor del dinero en el tiempo. También sirve para enfrentar riesgos, para manejar los momentos de ahorro y de desahorro, y para tomar decisiones difíciles con información incompleta. Saber usar los productos financieros, y saber cuándo no hacerlo, es una competencia fundamental para la vida misma y, por ello, en el Perú, la educación financiera forma parte del Currículo Nacional de la Educación Básica desde 2016.
La necesidad de la educación financiera está clara desde hace tiempo. Las evaluaciones de programas previos en este campo realizadas por la Dra. Verónica Frisancho ayudaron a cerrar el debate sobre el mejor modo de impartir este tipo de educación. Los programas centrados en los adolescentes e implementados desde una pedagogía activa lograron cambios reales de comportamiento. Claramente, los adolescentes son el público correcto porque aún están formando hábitos y están próximos a tomar decisiones económicas relevantes.
Sobre esa base nace en 2022 el programa “Educación Financiera en tu Cole”, una contribución de largo plazo de la Asociación de Bancos del Perú a las políticas nacionales de educación. El programa empieza con la formación docente. Ofrece un diplomado gratuito de 512 horas, certificado y reconocido en la escala magisterial, que combina contenidos financieros esenciales, un enfoque STEAM+H y pedagogía aplicada para llevar la educación financiera al aula de manera práctica y contextualizada. A la fecha, el programa ha formado más de 5 mil docentes, ha impactado a cerca de 220 mil estudiantes y ha llegado a 1340 escuelas públicas en Arequipa, Cajamarca, Lima Metropolitana y Cusco.
En el presente año de 2025, el programa entró en una fase de sostenibilidad, consolidando una comunidad activa de docentes. Asimismo, este año, “Educación Financiera en tu Cole” ha recibido el Premio Creatividad Empresarial otorgado por la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas. Más allá del reconocimiento, el premio confirma que una iniciativa basada en evidencia, enfocada en docentes, puede innovar en educación y generar impacto real sin perder rigor ni propósito. Cuando la educación financiera se enseña tarde, de manera abstracta o desconectada de la vida real, sus efectos tienden a ser limitados. En cambio, cuando se enseña temprano con docentes preparados, se convierte en una herramienta poderosa para reducir vulnerabilidades y ampliar el ejercicio efectivo de nuestra ciudadanía.
No es casual que Thaler y sus coautores insistan en una recomendación muy simple: si quieres ahorrar, pon tu dinero en lugares donde esté a salvo de la tentación. Separar, etiquetar o inmovilizar parcialmente los recursos no es una falla de racionalidad, es una estrategia consciente para convivir con nuestras propias debilidades.
Al final, buena parte de la educación financiera consiste en aprender a distinguir cuándo una diferencia es solo nominal y cuándo es real. Aprender que partir el panetón en más pedazos no lo hace más grande, pero que el tiempo, el riesgo y el autocontrol sí cambian las cosas. Enseñar eso temprano, en la escuela, con docentes preparados y con evidencia debidamente contextualizada, es una forma profundamente humana de aprender a ejercer nuestra ciudadanía de manera plena. No todo se divide, no todo se compra. Que esta Navidad sea un buen recordatorio. Felices fiestas.