Usted es el principal y el Estado es su agente

Imagine por un momento, querido lector, que usted es dueño de una parte importante de una empresa. No es fundador ni gerente. No toma decisiones operativas, pero tiene una participación significativa. Es el socio silencioso más grande. No está en el directorio, pero cada decisión estratégica termina afectando su economía. ¿Qué querría usted, querido lector, para su empresa?

Seguramente querría que crezca, que innove, que gane mercados y sea rentable. También querría que trate bien a sus trabajadores y que entregue todo lo mejor a sus clientes. Porque todo eso protege su inversión, reduce sus riesgos y fortalece su empresa.

Con seguridad también querría que compita limpiamente. Que distribuya utilidades cuando corresponda, pero también que sepa reinvertir cuando sea conveniente. Y seguramente no querría interferir en las decisiones del día a día porque, aunque sea socio, sabe que los errores en la dirección pueden destruir valor más rápido que cualquier crisis externa.

Ahora, no es necesario imaginarlo porque esto ya es así. Usted, a través del Estado, es dueño deuna parte significativa de todas las empresas formales del Perú. No de una, de todas. A través del Estado usted tiene una participación real en el valor que crean todas las empresas formales del Perú. La presión fiscal sobre el sector formal representa su participación. Es decir, lo que el sector privado formal entrega al Estado en forma de impuestos es su participación tangible y concreta.

Pero esos “dividendos” no son como los tradicionales. No se negocian ni se votan en una Junta General de Accionistas. El Estado cobra igual, incluso si la empresa no reparte utilidades. Usted, a través del Estado, es un socio preferente. Usted es el principal y el Estado es su agente. Por eso, así como se debe exigir a las empresas, también se debe exigir al Estado que lo que recaude lo gaste bien. Que no lo diluya en planillas infladas, consultorías irrelevantes o elefantes blancos. Que invierta con criterio y que rinda cuentas. Porque ningún socio serio toleraría que su participación en los resultados se desperdicie.

Usted como principal y el Estado como su agente son los primeros interesados en que las empresas prosperen. Que inviertan, que se formalicen y que crezcan porque, cada vez que lo hacen, también crece su parte. Cuando las empresas crecen, se expande el empleo, mejora la recaudación y se financian mejor los servicios públicos. Mejoran las posibilidades del Estado de brindarnos mejor seguridad, mejor salud, mejor educación y justicia. Mejoran las posibilidades del Estado de brindarnos mejores caminos, mejores comunicaciones y mejores infraestructurasde agua y desagüe, y de energía.

Muchas veces hay que repetir y subrayar lo evidente, porque lo evidente puede quedar sepultado por el escepticismo de las mentalidades de suma cero. Sin embargo, lo que sigue siendo cierto es que usted, como ciudadano, tiene un interés directo en que a las empresas les vaya bien y en que el Estado, que gasta por usted y para usted, gaste bien. Porque cuando eso ocurre, querido lector, usted mejora su bienestar.

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