La quinta guerra mundial

Al ser consultado sobre las armas que se usarían en la tercera guerra mundial, Einstein dio esta famosa respuesta: “No sé con qué armas se peleará la tercera guerra mundial, pero la cuarta guerra mundial será con piedras y palos”. Seguramente tenía en mente que la tercera guerra mundial sería con armas tan potentes que tendríamos que empezar de nuevo después de destruir nuestra civilización.

Robert H. Scales, General del Ejército de los Estados Unidos, en “Clausewitz y la Cuarta Guerra Mundial”, un artículo publicado en 2006, nos describe una taxonomía de cuatro guerras mundiales. Para tal efecto, clasifica cada guerra en términos de sus “factores de amplificación”. La característica principal de estos amplificadores es que cambian las ventajas estratégicas y hacen que cada guerra sea radicalmente nueva y distinta.

Así, la Primera Guerra Mundial fue una guerra de químicos. Los amplificadores provinieron de la ingeniería química que, una vez que permitió la síntesis de los nitratos, permitió también la producción de pólvora a escala industrial, independientemente de las reservas naturales. La Segunda Guerra Mundial fue, en cambio, una guerra de físicos: el amplificador fue la Física aplicada. Si bien la bomba atómica terminó la guerra, las comunicaciones inalámbricas, el radar y el control del espectro electromagnético fueron las ventajas definitivas.

La tercera guerra mundial fue la Guerra Fría y el factor de amplificación determinante fue la inteligencia y la capacidad de explotar información crítica. La cuarta guerra mundial en esta taxonomía es la guerra asimétrica contra el terrorismo global. Se trata de una guerra de científicos sociales: el amplificador es cultural. Es una guerra de percepciones, de victorias culturales más que territoriales. En esta cuarta guerra el entendimiento y la empatía son las armas más potentes.

Cada factor de amplificación es subsumido en el siguiente. El entendimiento de las sociedades no elimina la necesidad de inteligencia, ni del aprovechamiento del espectro electromagnético, ni elimina el uso de armas de fuego. Lo que cambia cada vez es la esencia del conflicto. Cambian los objetivos, cambian los espacios de confrontación, cambian las cumbres a conquistar y cambia la adecuación de las armas.

Me permito especular que estamos entrando en una quinta guerra mundial, una guerra igualmente asimétrica, pero de convergencia de tecnologías. Convergen las tecnologías de información, de comunicaciones, biológicas, etc. Esta vez los objetivos son el control de la narrativa, la manipulación de la opinión pública y el dominio tecnológico para el control de recursos naturales críticos. Se disputa el dominio sobre el ciberespacio y sobre la infraestructura crítica. Las armas incluyen hoy redes sociales, algoritmos de microsegmentación, inteligencia artificial, malware y robots para vigilancia y ataques precisos. En medio de esta guerra de convergencia tecnológica, viviremos los procesos electorales que se nos avecinan.

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