“Atraer, cultivar y retener el mejor talento seguirá siendo fundamental. Este seguirá siendo el mayor factor de diferenciación. Seguirá siendo el principal territorio de competencia”.

Un virus desatado en las antípodas, como el COVID-19, impacta inmediatamente en nuestros mercados. Un audio se difunde y se genera una veloz reacción en cadena que conduce a la renuncia de un alto funcionario del Estado. El ciclo tradicional de la noticia colapsa: la noticia, la respuesta de los involucrados, la opinión experta y la valoración de la opinión pública suceden en el mismo instante.
La tecnología de comunicaciones ha diluido exitosamente tiempos, latencias y distancias; las capacidades de procesamiento informático se siguen multiplicando y, al mismo tiempo, contamos con cada vez más y mejores datos sobre cada aspecto de nuestras vidas: transacciones, desplazamientos, preferencias, opiniones, etc. Esta mayor disponibilidad de datos, junto con estas mayores capacidades de proceso y de comunicación, nos están llevando hacia un mundo cada vez más complejo.
Nuestra forma natural de pensar de manera determinística queda fuera de lugar al enfrentar problemas probabilísticos y aún más fuera de lugar ante problemas complejos. El tránsito hacia esta mayor complejidad que estamos presenciando requiere una revisión masiva de nuestros esquemas de diseño estratégico, gobierno corporativo y gestión pública o privada. El cambio que vivimos es tan masivo que cada vez estamos más obligados a actuar para entender, que a entender para actuar.
Ahora, la identificación de patrones es tan importante como el acopio de información; y, por lo tanto, la amplitud es tan importante como la profundidad del conocimiento, y la diversidad es tan importante como la experiencia previa en un equipo. Pensar analógicamente, en términos sistémicos, de redes y plataformas es, quizá, más valioso que pensar en términos lineales de cadenas de valor. Asimismo, los equipos de trabajo son cada vez más autónomos, más dispersos y con mayores posibilidades de impacto positivo y también negativo. Así como cada equipo lleva toda la potencia de fuego de la organización, también lleva toda la reputación de la marca que representa.
Algo que la complejidad no va a cambiar es la importancia de las personas. Atraer, cultivar y retener el mejor talento seguirá siendo fundamental. Este seguirá siendo el mayor factor de diferenciación. Seguirá siendo el principal territorio de competencia. La gestión del portafolio de capital humano, como principal precursor de los resultados, y la analítica de personas asociada, adquieren aún más relevancia en este mundo cada vez más complejo.
02/03/2020